Tecnología y comunicaciones al servicio de los ciudadanos

Los paneles que indican el estado del tráfico y la disponibilidad en los aparcamientos ya son una realidad en muchas ciudades vascas. Los ciudadanos también disponen de aplicaciones para acceder desde sus móviles a las rutas y horarios de los transportes públicos, encuentran conectividad en cualquier lugar y pueden interactuar con las administraciones. Todos estos servicios y algunos más que todavía no se han generalizado conforman lo que se conoce como Smart Cities o ciudades inteligentes, un modelo de urbe en el que los ciudadanos se benefician de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y aprovechan sus ventajas en el día a día.

Una Smart City es una ciudad que utiliza las TIC para que sus infraestructuras, sus componentes y sus servicios sean más eficientes y los ciudadanos tengan un acceso mejor a ellos. Para Álvaro Ubierna, presidente del Colegio de Ingenieros de Telecomunicaciones del País Vasco, una Smart City es el resultado de dotar a una ciudad de una inteligencia aplicada a los objetos y los servicios para que funcionen mejor y de forma más sencilla. El representante de los telecos vascos explica que aplicar la inteligencia a las cosas (calles, farolas, servicios, etc.) es fundamental para mejorar en eficiencia, ahorrar recursos y respetar el medio ambiente, pero ahora se trabaja más en el concepto de friendly. Es decir, "hacer que las ciudades, además de inteligentes, sean amigables, porque el objetivo fundamental es hacer la vida más fácil y más cómoda al ciudadano".

La aplicación de sistemas inteligentes a los servicios e infraestructuras urbanas supone, entre otras cosas, que el alumbrado público funcione con sensores y se encienda cuando baja la intensidad de la luz natural, sin estar sujeto a unos horarios rígidos que le restan eficacia. Los sistemas inteligentes en las ciudades sirven también para que los contenedores de residuos (basuras y elementos de reciclaje) estén dotados de sensores de llenado que avisan cuándo es necesario que pase el camión para vaciarlos. Eso evitaría rutas fijas y repetitivas que muchas veces resultan innecesarias.

En una Smart City -explica Álvaro Ubierna- también puedes saber si el punto más cercano de recogida de bicicletas para uso público dispone de alguna para que puedas usarla. O puedes consultar en tu smartphone si hay plazas de aparcamiento disponibles en una calle o una zona determinada.

Para avanzar en la configuración de una Smart City se requiere dotar a las ciudades de sensores, cámaras, redes y equipos inteligentes que obtienen, tratan y canalizan la información hacia el ciudadano para que pueda utilizarla. Desde el punto de vista del usuario "los datos no valen para nada, lo que vale es la información". Por eso Ubierna sabe que la labor de los ingenieros de telecomunicaciones "consiste en que todos esos servicios que ahora nos parecen normales y nos hacen la vida más fácil funcionen sin que los usuarios tengan que cuestionarse ni cómo ni por qué lo hacen". El ciudadano -agrega Ubierna- no tiene por qué conocer la tecnología, lo único que necesita saber es qué le permite hacer con ella y tener la seguridad de que funcionará cuando lo requiera".

FACILITAR LA VIDA "También es verdad -añade el presidente de los telecos vascos- que hay muchos experimentos fallidos. Salen tecnologías que se difunden rápidamente y con la misma velocidad desaparecen porque no se utilizan. Es lo que pasó con algunas viviendas que se vendieron con lo último en domótica y que ahora tienen un montón de aparatos que no se utilizan. Al final la adaptación entre lo que se puede hacer y lo que se puede aceptar cómodamente es complicada, pero el objetivo siempre tiene que ser que se use, que funcione y que te facilite la vida, no que te la complique".

Un aspecto importante de esta aplicación de sistemas inteligentes en beneficio del ciudadano son las Smart Grids o redes eléctricas inteligentes, que permiten la distribución de electricidad desde los proveedores hasta los consumidores utilizando tecnología digital con el objetivo de ahorrar energía, reducir costes e incrementar la seguridad. Álvaro Ubierna apunta que el enfoque inicial de las Smart Grids era "fundamentalmente económico" (relacionar mejor la producción y el consumo eléctrico), pero como han llegado a formar parte de la capilaridad de redes de las Smart Cities, ahora también tienen un importante papel social relacionado con la eficiencia y el medio ambiente.

En este sentido Javier Lezama, director de P4Q Electronics, explica que ese avance tecnológico por el que el alumbrado público funciona con sensores de luminosidad se puede completar ahora con nuevas prestaciones que configuran un sistema de gestión "verdaderamente inteligente". Su propuesta, que ya tiene en marcha un equipamiento de demostración en Alonsotegi, incluye la monitorización de consumos, las alarmas de seguridad para detectar el mal funcionamiento de las farolas, y el uso eficiente de todos los elementos. Lezama señala que este sistema inteligente es apropiado para cualquier municipio, ya que el alumbrado supone un porcentaje importante del gasto de todos los ayuntamientos.

El experto añade que ahora asistimos a un proceso bastante generalizado de sustitución de las lámparas de alumbrado público por las de bajo consumo, actuación que genera hasta un 50% de ahorro, pero a eso se podría sumar la telegestión, que produce ahorros de hasta el 25% y otros cambios tecnológicos como la monitorización individualizada de los puntos de luz o las alarmas, que generan ahorros en consumos y mantenimiento.