La torre del viento: la generación eléctrica de renovables es posible en entornos urbanos

Si llegara a ser construida, «Eólica» alcanzaría los 170 metros de altura. Esta torre del viento o aerogenerador urbano, ideada por Fran Silvestre Arquitectos en colaboración con el Instituto Tecnológico de la Energía y la Universidad Politécnica de Valencia, aspira a convertirse en una central de generación eléctrica en la ciudad. Y es esto, precisamente, lo que la aleja de edificios de oficinas o residenciales que incorporan varias energías renovables para propio consumo. «Eólica» integra en el proyecto paneles fotovoltaicos, aerogeneradores, paneles solares térmicos y geotermia con el fin de alimentar unos 1.000 hogares al año con sus 3.600 MWh de producción anual, pero en su DNI «no es un edificio que nazca para satisfacer un fin y al que luego se incorporan las energías, sino que el fin mismo del edificio es precisamente albergar estas energías», comentan desde el estudio de arquitectos.

La generación directamente en la ciudad reduciría las pérdidas eléctricas de transporte desde las centrales a las urbes, grandes concentradores de demanda. Este diseño particular optimiza la obtención de energía a través de renovables, y por tanto maximiza la captación de viento y sol en entorno urbano con la incorporación de 400 aerogeneradores en 45 de los 55 pisos proyectados y 342 m2 de paneles fotovoltaicos en las superficies verticales de las tres «patas» de la torre –unidas de dos en dos para crear nudos de comunicación por ascensor–.

En el espacio en el que no conviene instalar molinos por la sombra eólica de los edificios adyacentes se concentran los usos públicos, con oficinas y centros de conferencias. Este podio se situaría en las 10 primeras plantas y tendría una superficie para ocupación de unos 2.000 m2. A 160 metros de altura, un mirador y un comedor permitirían al público contemplar la panorámica de Valencia, ciudad para la que se han hecho los cálculos estructurales y energéticos.

Los aerogeneradores, desarrollados por el ITE, son de eje vertical, de dos metros de diámetro y 1,5 m de altura. Este tipo de molinos se considera más apto para espacios urbanos o para autoconsumo porque ocupan menos, evitan ruidos y traspaso de vibraciones al edificio y «aprovechan mejor el viento. En el campo los vientos son laminares y de más velocidad, pero en las ciudades el régimen cambia», comenta Irene Aguado,  del Departamento de Infraestructuras Energéticas del ITE. Estos modelos necesitan menos velocidad de viento para empezar a funcionar y no requieren estar orientados en la dirección de la corriente, la forma del edificio se encarga de dirigir el aire con su geometría. Estarían situados en las zonas curvas que unen los núcleos de comunicación y están cubiertos por una malla calada permeable para viento y lluvia pero, a la vez, protectora contra choques de pájaros: «Confiere a la estructura un aspecto monolítico», explican desde el estudio. Los 342 m2 verticales quedarían cubiertos por paneles fotovoltaicos flexibles con capacidad de producción de 1.000 MW/h anuales