Una vivienda inteligente en un vestuario de instituto

Las casas inteligentes son una realidad desde hace años. En los años 80 ya existían algunas aplicaciones para facilitar la vida en el hogar. Pero han tenido que pasar tres décadas para que la domótica llegue a los colegios. El instituto de secundaria de Llucmajor es pionero en Mallorca en esta enseñanza. Por primera vez, sus alumnos de Formación Profesional están construyendo una vivienda inteligente.

No será una maqueta, sino que la casa la construyen a escala real. Y el emplazamiento que han elegido no es baladí: están reconvirtiendo un vestuario del centro escolar. En esos 32 metros cuadrados colocarán una cocina, un salón, una habitación y un baño. Todo ello aderezado con una gran dosis de tecnología que haga más simple la estancia del inquilino.

Esta iniciativa del IES Llucmajor cuenta con el valor añadido de que la vivienda estará adaptada a personas con movilidad reducida. Su target es el de un discapacitados físico que se mueva en silla de ruedas y pueda mover los brazos. Con la ayuda del centro manacorí Aproscom, han diseñado pasillos y umbrales amplios, han colocado el plato de la ducha a ras de suelo y han puesto un retrete adaptado.

Pero, sobre todo, han digitalizado muchos elementos. La puerta de la casa se abre a través del móvil, por si algún usuario tiene problemas para manejar las llaves. La iluminación, las alarmas de seguridad o la apertura de persianas y ventanas también se controla de forma remota mediante el teléfono. Otra de las virguerías de esta casa inteligente es que la altura de la encimera de la cocina es regulable. Los armarios también suben y bajan, incluso se pueden desplazar en diagonal para acercarse a la persona. Y si llaman a la puerta, no hace falta desplazarse para abrirla. Gracias a las cámaras de vigilancia, se puede ver quién hay a través del televisor y dejarle entrar mediante el móvil.

Quienes estén acostumbrados a convivir con la domótica no se verán sorprendidos por todas estas ventajas. Pero, recuerden, los que lo están construyendo son alumnos de instituto, chicos que aprenden a ser electricistas.Los estudiantes, desde luego, están implicados en la causa. Aunque el IES Llucmajor tiene de plazo hasta octubre para acabar la casa, en estas semanas han acelerado el ritmo de trabajo para intentar acabar el máximo de faena antes de las vacaciones de verano.

Cuando están trabajando, se nota. El estruendo del martillo, de la radial o del soplete son idénticos a los de una obra. No parece que sea un colegio hasta que ves la bolsa de Quelitas y el bocadillo envuelto en papel de aluminio. "Normalmente estos estudiantes están acostumbrados a hacer prácticas en tableros de madera, pero no a cortar pladur, pasar cables y trabajar a escala real", argumenta Miquel Bennàssar, uno de los profesores.

Por eso, explica que, cuando van a hacer prácticas en empresas, "los alumnos llegan descolocados hasta que asocian todo lo aprendido en el taller de electricidad". Ahora estos siete aprendices de electricista saldrán mejor preparados que nunca. "Ver que son capaces de crear esta casa les animará", añade Artur Moll, jefe de estudios de Formación Profesional.

El proyecto parte de la inquietud de los profesores del centro. Querían nuevos retos para sus clases del grado medio de electricidad. "La gente solo entiende la domótica como confort. En cambio, para las personas con movilidad reducida es una necesidad", agrega Moll. Como que el centro no tenía fondos suficientes, solicitaron una subvención al Ministerio de Educación. Para ello, necesitaban desarrollar el proyecto junto con otro instituto de otra comunidad autónoma. El IES Vic de Cataluña es su compañero de viaje. Allí están recreando otra vivienda similar, aunque no disponían de tanto espacio. Han utilizado un módulo prefabricado de dimensiones más reducidas.

Además del dinero del Estado, la iniciativa cuenta con el apoyo de una decena de empresas privadas €desde multinacionales hasta pequeñas compañías€ que les proporcionarán el mobiliario y las lámparas. Esa colaboración la han conseguido gracias a otro grupo de alumnas del ciclo formativo de administración, que se han encargado del márketing, bajo la tutela de las profesoras Laura Checconi y Antònia Nicolau.

El 10 de octubre es la fecha límite para que el piso domótico esté listo. Tras acabar la obra y presentarla ante el Ministerio, el espacio quedará abierto como exposición durante dos años.