BBVA presentó la jornada "más allá de las ciudades inteligentes"

Imagina una colonia de hormigas. Parece desorganizada, caótica y sin control central pero cada hormiga tiene su agenda y al final las cosas se terminan haciendo, no debido a un gran plan sino gracias a pequeños acciones individuales que acaban beneficiando al conjunto. Éste es el planteamiento que presentó la jornada “Más allá de las ciudades inteligentes”, que organizó el Centro de Innovación de BBVA hace unos días, y en la que participaron tres expertos de reconocido prestigio en el campo de la planificación urbana.

El autor de Everyware: The Dawn of Ubiquitous Computing,  Adam Greenfield, abrió su intervención aportando dos ejemplos de ciudad. El primero diseñado por Le Corbusier y organizado de arriba hacia abajo con la organización como base. El otro ejemplo estaba diseñado por Jane Jacobs, autora de La vida y la muerte de las grandes ciudades americanas, y su visión era la de una organización “espontánea”  desde abajo.  En otras palabras, las personas, al final, proponen lo que creen que es mejor para las ciudades en función de sus propias acciones individuales.

Brasilia, por ejemplo, es una ciudad planificada de arriba hacia abajo que tiene grandes nombres en sus calles, desde la perspectiva de un planificador urbano, tales como “Carretera de acceso residencial B2”, pero realmente sus habitantes no funcionan de esa manera.

Greenfield explicó cómo, durante el siglo XX, la Teoría del Control Óptimo se convirtió en la manera en que la gente planeaba las ciudades, como una respuesta ideal para el problema. Fue crítico con las soluciones inteligentes ofrecidas por los gigantes tecnológicos como IBM y Siemens asegurando que, en esencia, estaban basadas en conceptos orwellianos que sólo existían en “visiones futuristas”.

“El verdadero problema de las ciudades inteligentes es que la mayoría de nosotros no vive allí” explicó este experto, al hacer referencia a ciudades de este tipo como la surcoreana Songdo, en la que viven 34.000 habitantes, una simple gota en el océano si comparamos esta cifra con los 7.000 millones de habitantes que tiene el planeta.

En general, Greenfield defendió que las ciudades inteligentes deben ser construidas desde abajo, no desde arriba y resumió su intervención diciendo que este tipo de núcleos urbanos deben diseñarse de forma que “abran nuestras oportunidades de participar en ellos.”

A continuación, Nicolas Nova, miembro del  laboratorio Near Future, comenzó mostrando las imágenes que surgían al buscar en Google la expresión ciudades inteligentes. “Lo interesante es que las fotos que aparecen son de color verde, tiene un montón de edificios y, lo que resulta chocante, no tienen seres humanos”.
Nova explicó que el concepto de ciudad inteligente que tenemos ahora es la de un oligoptogram, es decir, sólo somos capaces de entender una pequeña parte del concepto. Esto contrasta con las teorías de Platón, contó, porque en que en vez de luchar para salir de la caverna, volvemos a la oscuridad, a medir las sombras que bailan en la pared. Unas sombras que son sólo atisbos de la realidad de los sensores y las cámaras.

Por lo tanto, dijo Nova, estos sistemas pueden ser problemáticos de tres formas diferentes. Por un lado, los datos pueden ser defectuosos. Por otro,  entender los datos puede llevar a la gente a pensar, erróneamente, que pueden hacer predicciones a partir de ellos. Y en tercer lugar, las ciudades son variables complejas y pequeñas pero que pueden tener un gran impacto si se dirigen sin rumbo a un lugar desconocido.

“SimCity no es una ciudad,” dijo Nova a modo de resumen de su intervención.

En vez de esto, Nova es un defensor de combinar el conjunto de datos tradicionales con el análisis de los datos cualitativos generados por seres humanos reales. “No debemos dejar de usar estos modelos de datos tradicionales porque tienen su utilidad” dijo, pero hay que tener en cuenta que la ciudad es ya inteligente ya y “la calle encuentra sus propias soluciones”.

El fundador del código de área, Kevin Slavin, inició su participación con una historia ilustrada sobre Wall Street,  antes de que este centro económico fuera “vaciada por el comercio electrónico” dejara de ser un lugar donde la gente iba en busca de información. “Wall Street fue uno de los modelos de ciudad inteligente para el mundo en el siglo XVIII”.

Wall Street era un hervidero de actividad bulliciosa, en el que peleas, fiestas improvisadas y, por supuesto, el comercio de bienes físicos gobernaba el día a día. “Las ciudades siempre han sido inteligentes cuando han sabido escuchar”, añadió.
Ahora, continuó Slavin, las ciudades se planifican de forma sigilosa y la información se oculta. Ahora son unos complejos algoritmos informáticos son los que diseñan el comercio casi al instante y controlan sigilosamente estado de nuestras finanzas. Esto se conoce como “abuso de recuadro negro”.

El problema es que, con este tipo de sistemas,  ninguna persona o grupo de personas pueden escuchar o comprender lo que está pasando, y mucho menos hacer valer algún tipo de control sobre ellos. Slavin utilizó el ejemplo del accidente de Flash Crash of 2:43 (la caída repentina que se produjo en los mercados debido a un algoritmo), cuando nadie sabía qué estaba pasando y la única opción posible fue parar. De hecho, explicó Slavin, la zona en la que se está la salida de los cables trasatlánticos que transportan los datos, el área cercana al hotel Carrier, en Manhattan, es una de las más caras en Nueva York, no hay gente, son los servidores los que ocupan los edificios de los alrededores y son las milésimas las que dominan las reglas del juego.

Esto, obviamente, es un problema que requiere una seria consideración: ¿quién está a cargo y dónde está el sentido común?

Para los tres ponentes, el paradigma actual de las ciudades inteligentes debe cambiar el foco y centrarse en las personas que habitan las ciudades. Al final, las ciudades deben ser para las personas y de las personas. Slavin lo expresó de la siguiente manera: “la capacidad de escuchar lo que es importante” para los habitantes, no sólo diseñando sensores integrados en los pasos de peatones.